Kukuaren Kanta cifra la belleza de un pueblo minúsculo de Navarra, que vive atento al ritmo de las estaciones, al margen de la urgencia y a la espera del fin del mundo. El rodaje de una película comunitaria sirve como pretexto para que los habitantes de Lerga, los ‘Cucos’, se filmen pensando en la posteridad. Cantos a la virgen de Ujué, rituales de fe, ejercicios aeróbicos en sincronía, el trabajo en el campo y la artesanía o la preparación de una comida de forma colaborativa se conjugan en presente pero se proyectan hacia el futuro, cuando la imagen será huella, memoria de una vida en común. Entre la resiliencia y la invención, el cine construye sentidos de comunidad y pertenencia. (PB)
La productora Hiruki Filmak invitó a los habitantes del pueblo a crear un retrato fílmico de su comunidad. Este proceso permitió que los participantes pasaran de ser meros espectadores a convertirse en hacedores del cine, fomentando la creatividad y la autorrepresentación a través de asambleas participativas donde decidieron qué incluir en sus películas.