Marilú Mallet forma parte —junto a Angelina Vázquez y Valeria Sarmiento— de una generación de mujeres cineastas que produjeron sus primeras películas durante el gobierno de la Unidad Popular de Salvador Allende (1970-1973). Su obra, desde un hibridismo fronterizo entre ficción y documental, indaga en la potencia del cine para explorar identidades complejas, desarraigadas o en tránsito.
El golpe de Estado de septiembre de 1973 no solo acabó con parte del patrimonio fílmico chileno. La posibilidad de hacer, distribuir y visionar cine en Chile se vio mermada: cerraron escuelas universitarias y se implantó un régimen de terror, control y censura. Mallet, arquitecta de formación, había realizado hasta entonces la película Amuhuelai-mi (1972), producida por Chile Films y centrada en el retrato de las comunidades mapuche y sus reclamos territoriales históricos. Con la instauración de la dictadura militar, la cineasta se exilia en Canadá y construye desde allí una filmografía que incide en la fuerza política del retrato fílmico. En 1975 participa con el mediometraje Lentement en la película colectiva Il n’y a pas d’oubli, producida desde Canadá con urgencia por tres jóvenes chilenos exiliados. Contra las aspiraciones objetivistas del realismo documental Marilú Mallet lleva a cabo en Journal inachevé (1982) uno de los retratos más extraordinarios del cine chileno en el exilio. A través de un yo escindido entre dos lugares (Chile y Canadá) y múltiples identidades (madre e hija, mujer y artista), la cineasta ensaya, desde la forma diarística, toda una poética del desarraigo que se reivindica abierta y procesual.
A pesar de ser conocida por su pionero trabajo con la primera persona y sus ramificaciones ficticias en el documental, Mallet también ha filmado con rigor político películas sobre comunidades que resisten a la industrialización forzada. A finales de la década de 1970 viaja a Nicaragua para rodar El Evangelio en Solentiname, un retrato del poeta y sacerdote Ernesto Cardenal y, en 1985, rueda en Perú Andahuaylillas. Memorias de una niña de los Andes. Tras una década sin rodar, retoma el cine en el año 2000 con Double Portrait una indagación en la relación con su madre, la pintora María Luisa Señoret, cuya figura ya había asomado en Diario inacabado. En 2015 regresa a Chile para rodar, a modo de road movie, Geografía personal, película que explora, desde la tensión irrenunciable del exilio, la relación entre paisaje, memoria e identidad.
Marilú Mallet afirma que siempre ha buscado «empujar las técnicas de la ficción dentro del documental». Ese celebrado desajuste recuerda a la condición del exiliado. En las películas de Mallet vemos a un sujeto escindido entre el cuerpo y el espacio, la voz y la cámara que recorre pasillos o paisajes, Chile y Canadá, el poder patriarcal y la autonomía femenina, la lengua francesa y la española. Esa tensión permanente se traduce en imágenes de una fuerza política indócil, que superan la vía testimonial y configuran todo un pensamiento en torno a la noción de sujeto y retrato. El ciclo cuenta, asimismo, con películas de Valeria Sarmiento y Angelina Vázquez, compañeras de generación de Mallet que también construyeron su filmografía desde el exilio.
Pablo Caldera, miembro del comité de programación de Documenta Madrid 2026.