El cine es capaz de conservar, decía Serge Daney, las hojas de los árboles, el viento y la marea, el llanto de un niño. Kamal Aljafari vuelve a las imágenes que grabó en Gaza en 2001 junto a su amigo Hassan. Esas imágenes conservan un rastro de vida aplastada, pero vida, al fin y al cabo, con arranques de espontánea alegría. El cineasta no necesita acompañar a las imágenes con ningún discurso: sus grabaciones caseras nos hablan con una elocuencia aterradora, porque conservan la fuerza de todo un pueblo, cuerpos y escenas de vida urbana que se resisten a desaparecer. (PC)
Nacido en Ramla, Palestina, en 1972, Kamal Aljafari es un incansable recolector y preservador de imágenes. La memoria familiar y la del pueblo palestino son la base de su filmografía, un corpus creativo que ejemplifica como ningún otra la lucha por salvaguardar una identidad constantemente asediada y amenazada. Lo personal y lo colectivo son indivisibles para Aljafari. Su búsqueda radica en hallar ausencias para asegurar su existencia y pervivencia. La materialidad del cine es por tanto una obsesión para el autor, quien además desafía película a película las formas convencionales de representar el conflicto palestino-israelí, indagando en un inmenso arco de formas que pasan con naturalidad del documental al ensayo, siempre desde innovadoras perspectivas estéticas. Sus películas demuestran que otra narrativa es posible y, sobre todo, que el cine continúa siendo una poderosa herramienta para la liberación.