SECCIONES // INFORMATIVAS

NOMBRES PROPIOS. WANG BING
documentamadrid Quizás nos apresuramos a pensar que, con la llegada del cine digital, se estaba produciendo el advenimiento final de un nuevo cine directo. Una época, se pensaba, en la que la escritura cinematográfica tendería a cero, hasta casi desaparecer, para dar paso a un cine cada vez más limpio, cada vez más real, en el que la intervención (ay, la tan denostada intervención) del cineasta terminaría por desaparecer. Algo así ocurrió con Wang Bing. Su debut con Tie Xi Qu (2003), una película de nueve horas en la que, aparentemente, el director se limitaba a hacernos llegar, como si la cámara fuese solamente un ojo de vigilancia, la realidad de una zona industrial en descomposición, apuntaló la idea de Wang Bing como un mero testigo, impávido y casi aséptico, y de su cine como lo más parecido a la vida en pantalla. ¿Habría llegado ya el momento en que cine y vida correrían a la par, sin más diferencias que la pantalla que los separa? Las catorce horas, que querían ser muchas más, de su Crude Oil (2008), o la aparente sencillez de L´argent du charbon (2009) así parecían apuntarlo: la vida en directo, por fin. Y quizás no está de más recordar las palabras de Chris Marker cuando señalaba que el acrónimo de digital video (DV) coincidía también con las siglas de Dziga Vertov, sí, el creador de la teoría del cine-ojo, pero sobre todo el autor de la imprescindible, y no siempre bien reivindicada, El hombre de la cámara, quizás la primera película apologética de la capacidad intervencionista del director-camarógrafo en la realidad. Por eso es importante vincular, aunque sea una herejía histórica, el cine de Wang Bing, rodado hasta ahora en pequeñas cámaras DV, con la herencia del primer DV: Dziga Vertov. Porque en el cine de Wang Bing, donde él es una presencia en apariencia silenciosa, y donde muchos han querido ver una progresiva desaparición del autor, no hay sino uno de los exponentes máximos de un nuevo cine documental, nacido al calor de las tecnologías digitales, que desmonta la ortodoxia documental desde, por ejemplo, un gesto tan básico como el que sostiene su película He Fengming (2007): convertir la película en un testimonio, en un rostro parlante. Nada más lejos, pues, de la aspiración documental clásica (una ventana a la realidad, una mirada limpia) que la de ceder el relato de la historia a la voz de una persona, única, y físicamente reconocible, palpable en su rostro arrugado; la antítesis de la escritura cero y la consagración de la realidad como un discurso construido a partir de miradas.

CRUDE OIL (CAIYOU RIJI)
HE FENGMING
L'ARGENT DU CHARBON (TONG DAO)
TIE XI QU: WEST OF THE TRACKS
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